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Colegio Americano de Pediatría, “La Ideología de Género lastima a los niños”

Originalmente posteado en Marzo 21, 2016 – una declaración temporal con referencias. Una declaración completa será publicada en el verano del 2016. Actualizada con clarificaciones en Abril 6, 2016.

El Colegio Americano de Pediatras (ACPEDS) –Una asociación socialmente conservadora de los pediatras y profesionales de la salud en los Estados Unidos, fundada en 2002, ha emitido la siguiente declaración sobre la identidad de género en niños.El Colegio Americano de Pediatras, insta a los educadores y legisladores, a rechazar todas las políticas que condicionan a los niños a aceptar como “normal” una vida de suplantación química y quirúrgica del sexo opuesto. Hechos –no la ideología- determinan la realidad.

1.-La sexualidad es un rasgo biológico objetivo: “XY” y “XX” son marcadores genéticos de la salud –no marcadores genéticos de un trastorno- La norma para el diseño humano es ser concebido ya sea hombre o mujer. La sexualidad humana es binaria por diseño, con el obvio propósito de la reproducción y el florecimiento de nuestra especie. Este principio es evidente por sí mismo.
Los trastornos extremadamente raros de la diferenciación sexual (DSD) incluyendo pero no limitando a la feminización testicular, y la hiperplasia suprarrenal congénita, todas son desviaciones medicamente identificables de la norma binaria sexual, y son correctamente reconocidos como trastornos o desórdenes del diseño humano. Los individuos con TDS (Trastorno de diferenciación sexual) no constituyen un tercer sexo.

2.- Nadie nace con un género. Todo mundo nace con un sexo biológico marcado. Género (una toma de conciencia y el sentido de sí mismo como hombre o mujer) es un concepto sociológico y psicológico, no un objetivo biológico. Nadie nace con una conciencia de sí mismo como hombre o mujer, esta toma de conciencia se desarrolla con el tiempo, y como todos los procesos de desarrollo, puede ser descarriado o desviado por las percepciones subjetivas de un niño, las relaciones y las experiencias adversas desde la infancia en adelante. Las personas que se identifican con “la sensación de que son del sexo opuesto” o “algún punto intermedio”, no crean o forman una base para la formación de un tercer sexo, pues biológicamente siguen siendo hombre o mujer.

3.- La creencia de una persona de que él o ella es algo que en realidad no es, es un signo de confusión de pensamiento. Cuando un niño biológicamente sano, cree que es una niña, o una niña biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema objetivamente sicológico que está en la mente, no en el cuerpo, y debe tratarse como tal. Estos niños sufren de disforia de género. La disforia de género (GD), anteriormente enumerado como trastorno de identidad de género(GID), es un trastorno mental reconocido en la más reciente edición del manual de diagnóstico y estadístico de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-V) Las teorías del aprendizaje psicodinámicos y sociales de GD-GID nunca han sido desmentidas.

4.- La pubertad no es una enfermedad, y las hormonas bloqueadoras de la pubertad pueden ser peligrosas. Reversibles o no, las hormonas de bloqueo de la pubertad, inducen a un estado de enfermedad –pues lo que producen es la ausencia de la pubertad- e inhiben el crecimiento y la fertilidad en un niño biológicamente saludable.

5.- De acuerdo a la DSM-V el 98% de los niños, y el 88% de los niños confundidos con su género, eventualmente aceptan su condición biológica sexual, después de que atraviesan el período de la pubertad naturalmente.

6.- Los niños que utilizan bloqueadores de la pubertad para suplantar al sexo opuesto, requerirán hormonas del sexo opuesto en la adolescencia tardía. Las hormonas sexuales cruzadas, están asociadas con riesgos peligrosos para la salud, incluyendo, la presión arterial alta, coágulos de sangre, accidentes cerebrovasculares y cáncer.

7.- Las tazas de suicidio son veinte veces más altas en los adultos que usan hormonas del sexo opuesto, y que se han sometido a cirugía de reasignación de sexo, incluso en Suecia, en donde se encuentran la mayoría de los LGBT –estos países afirman esta información.¿Qué persona razonable y compasiva, condenará a los niños pequeños a este destino, sabiendo que después de la pubertad, hasta el 88% de las niñas y el 98% de los niños con el tiempo aceptarán la realidad de su sexo, y alcanzarán un estado de buena salud tanto física como mental?

8.- Introducir a los niños en la creencia de que es “sano y normal” una vida de suplantación química y quirúrgica del sexo opuesto, es abuso infantil. Haciendo suya la discordancia de género de forma “normal” a través de la educación pública, y las políticas legales, confundirá a los niños y los padres, lo que lleva a más niños a presentarse en las “clínicas de género” en las cuales se les administrarán medicamentos que bloquean la pubertad. Esto a su vez asegura virtualmente que va a “elegir” un tratamiento de por vida de hormonas del sexo opuesto, los cuales son cancerígenas y tóxicas, y también es probable que consideren la mutilación quirúrgica de su cuerpo biológicamente sano, como adultos jóvenes.

Michelle A. Cretella, M. D.
Presidente del Colegio Americano de Pediatras.
Quentin Van Meter, M.D.
Vice-presidente del Colegio Americano de Pediatras.
Paul McHugh, M.D.
Profesor distinguido de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universida John Hopkins y Psiquiatra en Jefe del Hospital J. Hopkins.

Traducido por Josefina Ayala

Este artículo puede ser encontra en su original aquí: http://www.acpeds.org/the-college-speaks/position-statements/gender-ideology-harms-children

La Cirugía Transexual no es la Solución

Un cambio físico drástico no ataca los problemas psico-sociales de fondo.

Por  PAUL MCHUGH [Originalmente publicado el 12 de Junio del 2014]

El gobierno y la alianza mediática avanzando la causa transexual han pasado a un modo intenso en las recientes semanas. En Mayo 30, un consejo del Departamento de Servicios de Salud y Humanos de los E.U. acordó que Medicare puede pagar por la cirugía de  “reasignación” buscada por los transexuales—aquellos quienes dicen que no se identifican con su sexo biológico. Anteriormente el mes pasado el Secretario de Defensa Church Hagel dijo que él estaba “abierto” a quitar el veto de transexuales sirviendo en la milicia. Time Magazine, viendo la tendencia, colocó en su historia de portada para su edición de Junio 9 llamada “El Punto de lo Transexual: La siguiente frontera de los Derechos Civiles en América.”

Sin embargo los que hacen las políticas y los medios no le están haciendo ningún favor ni al público o a los transexuales al tratar sus confusiones como un derecho en necesidad de defensa en lugar de un desorden mental que merece entendimiento, tratamiento y prevención.  Este intenso sentir de ser transgénero constituye un desorden mental en dos respectos. El primero es que la idea de desalineamiento de sexo está sencillamente equivocada—no corresponde con la realidad física. El segundo es que puede llevar a resultados psicológicos muy oscuros.

Los transgénero sufren de un desorden de “suposición” como aquellos en otros desordenes familiares a los psiquiatras. Con los transgénero, la desordenada suposición de que el individuo no está de acuerdo con lo que le ha sido dado por naturaleza—es decir la masculinidad o femineidad de uno. Otros tipos de suposiciones desordenadas son sostenidas por aquellos quienes sufren de anorexia o bulimia nerviosa, donde la suposición que se aleja de la realidad es la creencia de los peligrosamente delgados de que tienen sobrepeso.

Con el desorden dismórfico del cuerpo, una condición comúnmente socialmente destructiva, el individuo es consumido por la suposición “Soy feo.” Estos desórdenes ocurren en sujetos quienes han llegado a creer que algunos de sus conflictos o problemas psico-sociales serán resueltos si ellos pueden cambiar la manera en que ellos se ven ante otros. Tales ideas funcionan como pasiones gobernantes en las mentes de los sujetos y tienen a ser acompañadas por un argumento solipsístico.[1]

Para los transgénero, este argumento sostiene que el sentimiento que uno tiene sobre el “género”  es un sentido subjetivo que, estando en la mente de uno, no puede ser cuestionado por otros. El individuo comúnmente busca no sólo la tolerancia de la sociedad de esta “verdad personal” sino la afirmación de ella. Aquí descansa el apoyo para la “igualdad transexual,” las demandas para que el gobierno pague por los tratamientos quirúrgicos médicos y por el acceso a todos los roles y privilegio es públicos basados en sexo.

Con este argumento, los defensores de los trasgénero han persuadido a muchos estados—incluyendo California, Nueva Jersey y Massachusetts—para aprobar leyes vetando a los psiquiatras, incluso con permiso de los padres, que busquen restaurar los sentimientos naturales de género de un menor transexual. Que el gobierno puede inmiscuirse en los derechos de los padres de buscar ayuda en guiar a sus hijos indica lo poderosos que estos defensores se han vuelto.

¿Cómo responder? Los Psiquiatras obviamente deben enfrentar el concepto solipsístico de que lo que está en la mente no puede ser cuestionado. Desordenes de conciencia, después de todo, representan el dominio del psiquiatra; declararlos fuera de los límites eliminaría el campo. Muchos recordarán ahora, en los 90’s una acusación de abuso sexual por padres de niños que fue considerada incuestionable por los solipsistas de la locura de “memoria recuperada.”

No lo escucharás de los que están defendiendo la igualdad transexual, pero estudios de seguimiento controlados revelan problemas fundamentales con este movimiento. Cuando los niños quienes han reportado sentimientos transexuales se les dieron seguimiento sin tratamiento médico o quirúrgico tanto en la Universidad Vanderbilt y la Clínica Portman en Londres, 70%-80% de ellos espontáneamente perdieron esos sentimientos. Un 25% persistieron en dichos sentimientos; que diferencia a los individuos que no los perdieron sigue siendo una incógnita.

Nosotros en la Universidad John Hopkins—que en los 1960s fue el primer centro médico Americano en aventurarse en la “cirugía de re-asignación de sexo”—lanzamos un estudio en los 1970s  comparando los resultados de la gente transexual quienes tuvieron la cirugía con aquellos que no. La mayoría de los pacientes tratados quirúrgicamente se describieron a ellos ismos como “satisfechos” por los resultados, pero sus subsecuentes ajustes psico-sociales no fueron mejores de los que no fueron operados. Así que en Hopkins dejamos de realizar la cirugía de reasignación de sexo, ya que producir a un paciente “satisfecho” pero todavía con problemas no parecía ser una razón adecuada para amputar quirúrgicamente órganos normales.

Ahora parece que nuestra decisión de hace tanto fue una decisión sabia. En 2011 un estudio del Instituto Karolinska en Suecia arrojó los resultados más útiles hasta hoy respecto a la transexualidad, evidencia que debería mover a los defensores del movimiento a hacer una pausa. El estudio a largo plazo—cerca de 30 años—siguió a 324 personas quienes tuvieron cirugía de reasignación de sexo. El estudio reveló que a partir de los 10 años posteriores a la cirugía, los transgénero empezaron a experimentar dificultades mentales crecientes. Todavía más asombroso, su mortandad por suicidio se incrementó 20 veces por encima de la población no transgénero. Este resultado perturbador todavía no tiene explicación pero probablemente refleja el reciente sentido de aislamiento reportado por los transgénero de más edad después de la cirugía. La alta tasa de suicidios reta la prescripción de cirugía.

Hay subgrupos de los transgénero, y para ninguno la “reasignación” parece apta. Un grupo incluye prisioneros varones como el Soldado Bradley Manning, preso por compartir secretos de seguridad nacional quien ahora desea ser llamado Chelsea. De cara a sentencias largas y los rigores de la prisión para hombres ellos tienen un motivo obvio para querer cambiar de sexo y por tanto de prisión. Dato que ellos cometieron crímenes como hombres, ellos deben ser castigados como tales; después de servir su tiempo, ellos serán libres de reconsiderar su género.

Otro subgrupo consiste de hombres jóvenes y mujeres susceptibles a la sugerencia de que “todo es normal” de la educación sexual, amplificada por grupos de chat en internet. Estos son los sujetos transgénero más parecidos a los paciencia de anorexia nerviosa. Ellos son persuadidos de que buscar un cambio físico drástico borrará sus problemas psico-sociales. Consejeros de “diversidad” en sus escuelas, justo como líderes de culto, pueden alentar a estas personas jóvenes a distanciarse de sus familias y seguido ofrecen consejo en cómo derribar argumentos contra tener una cirugía transexual. Los tratamientos aquí deben iniciar con remover a la persona joven del ambiente sugestivo y  ofrecerles un mensaje contrario en terapia familiar.

Luego está el subgrupo de los muy jóvenes, comúnmente niños pre pubescente quienes notan distintos roles sexual en la cultura y, explorando como encajar, empiezan a imitar al sexo opuesto. Doctores mal encaminados en centros médicos incluyendo el Hospital Infantil de Boston han empezado a intentar tratar el comportamiento al administrar hormonas que retrasan la pubertad para que así las cirugía de cambio de sexo sean menos caras—aunque las drogas traban el crecimiento de los niños y hay riesgo de causar esterilidad. Dado que cerca del 80% de tales niños abandonarían su confusión y crecerían naturalmente a la vida adulta si no son tratados, estas intervenciones médicas se acercan al abuso infantil. Una manera mejor de ayudar a estos niños: con padres devotos.

En el corazón del problema está la confusión sobre la naturaleza de los transgénero. El “Cambio de sexo” es biológicamente imposible. La gente que se realiza la cirugía de reasignación de sexo no cambia de hombres a mujeres o viceversa. En su lugar, ellos se convierten en hombre feminizados o mujeres masculinizadas.  Argumentar que es un asunto de derechos civiles y alentar la intervención quirúrgica es en realidad el colaborar y promover un desorden mental.

Dr. McHugh, anterior psiquiatra en jefe en el Hospital John Hopkins, es el autor de “Try to Remember: Psychiatry’s Clash Over Meaning, Memory, and Mind” (Dana Press, 2008).

El presente artículo es traducción del original en inglés que fue publicado en el Wall Street Journal:http://www.wsj.com/articles/paul-mchugh-transgender-surgery-isnt-the-solution-1402615120

[1] De la expresión latina “solus ipse” (sólo uno mismo, sólo yo). Término con el que se designa toda doctrina según la cual resulta imposible ir más allá de la propia conciencia (o de los contenidos de conciencia) por lo que resulta imposible conocer algo más que el propio “yo”, al que se considera la única realidad evidente y absoluta. [Anotación del traductor]

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