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La Cirugía Transexual no es la Solución

Un cambio físico drástico no ataca los problemas psico-sociales de fondo.

Por  PAUL MCHUGH [Originalmente publicado el 12 de Junio del 2014]

El gobierno y la alianza mediática avanzando la causa transexual han pasado a un modo intenso en las recientes semanas. En Mayo 30, un consejo del Departamento de Servicios de Salud y Humanos de los E.U. acordó que Medicare puede pagar por la cirugía de  “reasignación” buscada por los transexuales—aquellos quienes dicen que no se identifican con su sexo biológico. Anteriormente el mes pasado el Secretario de Defensa Church Hagel dijo que él estaba “abierto” a quitar el veto de transexuales sirviendo en la milicia. Time Magazine, viendo la tendencia, colocó en su historia de portada para su edición de Junio 9 llamada “El Punto de lo Transexual: La siguiente frontera de los Derechos Civiles en América.”

Sin embargo los que hacen las políticas y los medios no le están haciendo ningún favor ni al público o a los transexuales al tratar sus confusiones como un derecho en necesidad de defensa en lugar de un desorden mental que merece entendimiento, tratamiento y prevención.  Este intenso sentir de ser transgénero constituye un desorden mental en dos respectos. El primero es que la idea de desalineamiento de sexo está sencillamente equivocada—no corresponde con la realidad física. El segundo es que puede llevar a resultados psicológicos muy oscuros.

Los transgénero sufren de un desorden de “suposición” como aquellos en otros desordenes familiares a los psiquiatras. Con los transgénero, la desordenada suposición de que el individuo no está de acuerdo con lo que le ha sido dado por naturaleza—es decir la masculinidad o femineidad de uno. Otros tipos de suposiciones desordenadas son sostenidas por aquellos quienes sufren de anorexia o bulimia nerviosa, donde la suposición que se aleja de la realidad es la creencia de los peligrosamente delgados de que tienen sobrepeso.

Con el desorden dismórfico del cuerpo, una condición comúnmente socialmente destructiva, el individuo es consumido por la suposición “Soy feo.” Estos desórdenes ocurren en sujetos quienes han llegado a creer que algunos de sus conflictos o problemas psico-sociales serán resueltos si ellos pueden cambiar la manera en que ellos se ven ante otros. Tales ideas funcionan como pasiones gobernantes en las mentes de los sujetos y tienen a ser acompañadas por un argumento solipsístico.[1]

Para los transgénero, este argumento sostiene que el sentimiento que uno tiene sobre el “género”  es un sentido subjetivo que, estando en la mente de uno, no puede ser cuestionado por otros. El individuo comúnmente busca no sólo la tolerancia de la sociedad de esta “verdad personal” sino la afirmación de ella. Aquí descansa el apoyo para la “igualdad transexual,” las demandas para que el gobierno pague por los tratamientos quirúrgicos médicos y por el acceso a todos los roles y privilegio es públicos basados en sexo.

Con este argumento, los defensores de los trasgénero han persuadido a muchos estados—incluyendo California, Nueva Jersey y Massachusetts—para aprobar leyes vetando a los psiquiatras, incluso con permiso de los padres, que busquen restaurar los sentimientos naturales de género de un menor transexual. Que el gobierno puede inmiscuirse en los derechos de los padres de buscar ayuda en guiar a sus hijos indica lo poderosos que estos defensores se han vuelto.

¿Cómo responder? Los Psiquiatras obviamente deben enfrentar el concepto solipsístico de que lo que está en la mente no puede ser cuestionado. Desordenes de conciencia, después de todo, representan el dominio del psiquiatra; declararlos fuera de los límites eliminaría el campo. Muchos recordarán ahora, en los 90’s una acusación de abuso sexual por padres de niños que fue considerada incuestionable por los solipsistas de la locura de “memoria recuperada.”

No lo escucharás de los que están defendiendo la igualdad transexual, pero estudios de seguimiento controlados revelan problemas fundamentales con este movimiento. Cuando los niños quienes han reportado sentimientos transexuales se les dieron seguimiento sin tratamiento médico o quirúrgico tanto en la Universidad Vanderbilt y la Clínica Portman en Londres, 70%-80% de ellos espontáneamente perdieron esos sentimientos. Un 25% persistieron en dichos sentimientos; que diferencia a los individuos que no los perdieron sigue siendo una incógnita.

Nosotros en la Universidad John Hopkins—que en los 1960s fue el primer centro médico Americano en aventurarse en la “cirugía de re-asignación de sexo”—lanzamos un estudio en los 1970s  comparando los resultados de la gente transexual quienes tuvieron la cirugía con aquellos que no. La mayoría de los pacientes tratados quirúrgicamente se describieron a ellos ismos como “satisfechos” por los resultados, pero sus subsecuentes ajustes psico-sociales no fueron mejores de los que no fueron operados. Así que en Hopkins dejamos de realizar la cirugía de reasignación de sexo, ya que producir a un paciente “satisfecho” pero todavía con problemas no parecía ser una razón adecuada para amputar quirúrgicamente órganos normales.

Ahora parece que nuestra decisión de hace tanto fue una decisión sabia. En 2011 un estudio del Instituto Karolinska en Suecia arrojó los resultados más útiles hasta hoy respecto a la transexualidad, evidencia que debería mover a los defensores del movimiento a hacer una pausa. El estudio a largo plazo—cerca de 30 años—siguió a 324 personas quienes tuvieron cirugía de reasignación de sexo. El estudio reveló que a partir de los 10 años posteriores a la cirugía, los transgénero empezaron a experimentar dificultades mentales crecientes. Todavía más asombroso, su mortandad por suicidio se incrementó 20 veces por encima de la población no transgénero. Este resultado perturbador todavía no tiene explicación pero probablemente refleja el reciente sentido de aislamiento reportado por los transgénero de más edad después de la cirugía. La alta tasa de suicidios reta la prescripción de cirugía.

Hay subgrupos de los transgénero, y para ninguno la “reasignación” parece apta. Un grupo incluye prisioneros varones como el Soldado Bradley Manning, preso por compartir secretos de seguridad nacional quien ahora desea ser llamado Chelsea. De cara a sentencias largas y los rigores de la prisión para hombres ellos tienen un motivo obvio para querer cambiar de sexo y por tanto de prisión. Dato que ellos cometieron crímenes como hombres, ellos deben ser castigados como tales; después de servir su tiempo, ellos serán libres de reconsiderar su género.

Otro subgrupo consiste de hombres jóvenes y mujeres susceptibles a la sugerencia de que “todo es normal” de la educación sexual, amplificada por grupos de chat en internet. Estos son los sujetos transgénero más parecidos a los paciencia de anorexia nerviosa. Ellos son persuadidos de que buscar un cambio físico drástico borrará sus problemas psico-sociales. Consejeros de “diversidad” en sus escuelas, justo como líderes de culto, pueden alentar a estas personas jóvenes a distanciarse de sus familias y seguido ofrecen consejo en cómo derribar argumentos contra tener una cirugía transexual. Los tratamientos aquí deben iniciar con remover a la persona joven del ambiente sugestivo y  ofrecerles un mensaje contrario en terapia familiar.

Luego está el subgrupo de los muy jóvenes, comúnmente niños pre pubescente quienes notan distintos roles sexual en la cultura y, explorando como encajar, empiezan a imitar al sexo opuesto. Doctores mal encaminados en centros médicos incluyendo el Hospital Infantil de Boston han empezado a intentar tratar el comportamiento al administrar hormonas que retrasan la pubertad para que así las cirugía de cambio de sexo sean menos caras—aunque las drogas traban el crecimiento de los niños y hay riesgo de causar esterilidad. Dado que cerca del 80% de tales niños abandonarían su confusión y crecerían naturalmente a la vida adulta si no son tratados, estas intervenciones médicas se acercan al abuso infantil. Una manera mejor de ayudar a estos niños: con padres devotos.

En el corazón del problema está la confusión sobre la naturaleza de los transgénero. El “Cambio de sexo” es biológicamente imposible. La gente que se realiza la cirugía de reasignación de sexo no cambia de hombres a mujeres o viceversa. En su lugar, ellos se convierten en hombre feminizados o mujeres masculinizadas.  Argumentar que es un asunto de derechos civiles y alentar la intervención quirúrgica es en realidad el colaborar y promover un desorden mental.

Dr. McHugh, anterior psiquiatra en jefe en el Hospital John Hopkins, es el autor de “Try to Remember: Psychiatry’s Clash Over Meaning, Memory, and Mind” (Dana Press, 2008).

El presente artículo es traducción del original en inglés que fue publicado en el Wall Street Journal:http://www.wsj.com/articles/paul-mchugh-transgender-surgery-isnt-the-solution-1402615120

[1] De la expresión latina “solus ipse” (sólo uno mismo, sólo yo). Término con el que se designa toda doctrina según la cual resulta imposible ir más allá de la propia conciencia (o de los contenidos de conciencia) por lo que resulta imposible conocer algo más que el propio “yo”, al que se considera la única realidad evidente y absoluta. [Anotación del traductor]

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