QUERIDOS HOMBRES MILENIALES: NO TENGAN MIEDO AL MATRIMONIO Y LA PATERNIDAD

Queridos Hombres Mileniales[1]: No tengan Miedo al Matrimonio y la Paternidad:

Por Matt Walsh

Hace unas noches escuché gritos aterradores, en pánico, viniendo de la habitación de mi hija. Ella estaba llorando y gritando “¡Papi! ¡Papi! ¡Papi!” Los niños tienen diferentes llantos dependiendo de la severidad de la situación, y este era el tipo de llanto que enciende la alerta de pánico en mi cabeza.

Me tomo como 4.5 segundos llegar de la sala a su cuarto, pero fue tiempo suficiente para invocar algunas enormes ideas paranoicas del por qué ella estaba asustada. Me imaginé que había fuego en su cuarto, y entonces pensé, no, eso es ridículo, apuesto a que un secuestrador se metió por la ventana. Para el momento en que llegué a la puerta estaba listo para matar este intruso imaginario a mano limpia.

Por supuesto no había intruso, ni siquiera fuego. Sucede que Julia solo había tenido una pesadilla.

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Así que la cargué, la calmé, y le pregunté de qué se había tratado su pesadilla. Ella dijo, “hombre de nieve,”[2] creo, o quizá dijo “Sudán.” O pudo haber sido “shamán,” de hecho. No estaba seguro. De todos modos, ya sea que hubiera estado soñando con una criatura de nieve mutante o con un militante Sudanés, o con un horrendo doctor brujo tribal, le aseguré que ella estaba a salvo y que todo estaba bien y que Papá estaba ahí. Luego le di un beso, la puse de vuelta en la cama y le dije que la amaba. Ella sonrió y murmuró, “Papá ama a Julia,” y yo le dije “si, Papá la ama, mucho.” Dejé el cuarto y ella se volvió a dormir inmediatamente. Crisis controlada.

Me siento cómodo regordéandome con esta historia porque a un hombre siempre se le permite ser cursi mientras habla sobre su hija (o de la escena final en “Rudy”), pero también porque me lleva a un punto importante. Este fue uno de esos momentos que me hizo pausar y pensar, “Wow. Soy un padre. Soy un esposo. Soy un protector, proveedor, y un verdugo de monstruos de nieve imaginarios. Soy un hombre.” Todavía me detengo y me maravillo sobre el tema de vez en vez, aún si cada momento de ser padre no es necesariamente tan precioso o sentimental, como aquel siguiente día cuando ella se hizo popó en el piso y su hermano se paró sobre ella (el entrenamiento para ir al baño es un asunto duro).

Pero lo que sea que el trabajo demande, yo sé que siempre tengo un propósito y un llamado que trasciende mi propio interés personal. Eso no significa que soy perfecto en atender a ese llamado y en poner mi interés propio a un lado, sino que vivo con un cierto significado y claridad que antes no tenía.

La niñez terminó y la hombría inició precisamente cuando me convertí en esposo y padre.

Puedo ver a mi vida hasta este punto y separarla en dos mitades distintivas: niñez y adultez. La niñez terminó y la hombría inició precisamente cuando me convertí en esposo y padre. Esa es mi experiencia, y quizá es sólo una afirmación triste acerca del tipo de persona que yo era, pero sospecho que hay algo más universal en ello. Camino por la vida como un hombre, sintiéndome como un hombre porque tengo una esposa que amar, niños que criar, monstruos de nieve que combatir, y una familia para proveer y proteger.

Es por ello que me duele ver lo que está pasando con mi generación—como tantos de nosotros hombres estamos tan mortalmente aterrados del matrimonio y la paternidad. Los hombres jóvenes estos días desesperadamente se aferran a su adolescencia, indispuestos a crecer y graduarse a la siguiente etapa de sus vidas. Cifras récords de hombres están toda viviendo en casa [de sus padres]. Millones no pueden encontrar empleo y no pueden mantenerse a sí mismos.

En promedio estamos esperando hasta casi nuestros 30s para casarnos, y un número grande nuca se casará ni tendrá hijos. Por supuesto, todavía nos mudaremos con mujeres,  y quizá procrearemos con ellas, pero comúnmente estamos satisfechos sólo con una compañero de cuarto glorificada, no una esposa. Sustituimos el matrimonio con “vivir juntos,” porque la cohabitación nos da todos nuestros deleites egoístas (menos soledad, más sexo) pero nada del compromiso petrificante, la responsabilidad y el sacrificio que resulta al formar una familia fortalecida por el pacto del matrimonio.

Pero amor que evita el compromiso y el sacrificio no es de ningún modo amor. Las parejas que cohabitan juntas bajo la pretensión de que ellos de algún modo pueden simular el matrimonio—lo prueban para ver si queda, en efecto—pero no funciona porque no puedes simular la devoción y la fidelidad. Como hombres, o nos damos a nosotros mismos enteramente a las mujeres que amamos, o no lo hacemos.  Parecemos estar eligiendo lo último. Le damos la espalda al matrimonio pero agarramos alguna pálida imagen de sus gozos. No queremos ser hombres de familia, pero tampoco queremos ser célibes y solteros. No queremos dar, en otras palabras, pero no dudamos en tomar. Tenemos miedo.

En nuestro miedo nos hemos vuelto estáticos, y en nuestra parálisis hemos perdido el enfoque y la ambición. Eso, yo creo, es una enfermedad que es una plaga en nuestra generación más que nada. Algunos de nosotros tenemos enfermedades literales, como clamidia y sífilis, pero más allá de nuestros genitales inflamados sufrimos más profundamente de un tipo de mal nihilístico. Noto que esto no es sólo en mi lectura de estadísticas y encuestas, sino en mis interacciones con mis amigos.

Comúnmente parece que no tienen dirección; ningún sentido de quienes son, por qué están aquí, y que se supone que deberían estar haciendo con sus vidas. Las tazas de depresión están por las nubes entre nuestras filas, no sólo por la putrefacción de cada emoción humana difícil, sino porque no tenemos ambición, ninguna motivación suprema o meta. Estamos corriendo en un lugar, aterrados de lo que encontraremos si vamos más adelante en el camino un poco.

Por eso no fui a mi reunión de prepa de los 10 años, hace un año. No hay ningún sentido. Las reuniones de los 10 años son la reunión de después de 1 año. La mayoría de nosotros estamos en el mismo lugar que estábamos un año después de graduarnos. No hay nada que reportar, realmente. Ningún profundo cambio de vida. Ningún crecimiento significativo o madurez. Todavía somos niños. No hay mucha razón para revisar lo último de nuestros 20s porque no hemos hecho nada con nuestros 20s. Tomamos un descanso de 10 años de la adultez justo cuando estaba empezando, y ahora nos sentimos atrapados y paralizados.

En el pasado, una década después de la preparatoria la mayoría de las personas estarían casadas, tendrían hijos, tendrían sus carreras y vocaciones definidas. Hasta hace poco recientemente, un hombre de 28-29 era un hombre. El llegaría a casa después de un día de trabajo duro y besaría a su esposa y abrazaría a sus hijos. Él no se iría a su habitación o al sótano a jugar videojuegos toda la tarde. Tomaba su cena a la cabeza de la mesa, ayudaba a sus hijos con su tarea y guiaba a su familia en oración. Él vivía con significado y un sentido de servicio y liderazgo, él sabía que había una marcada diferencia entre él mismo en este punto de su vida, y  él como estudiante de prepa. Él era un muchacho, y entonces se volvió un hombre. E imagino que pudo ver la línea divisoria exacta entre esas dos fases de vida.

Estos tipos de hombres y mujeres existen en nuestra generación, obviamente, pero parecen ser la minoría. Esto presenta un gran reto para aquellos de nosotros quienes están tratando de crecer, cambiar, madurar y vivir como adultos genuinos. A veces nos sentimos profundamente solos y aislados, incapaces de relacionarnos con nuestros contemporáneos porque cada vez que estamos con ellos nos sentimos como si hubiéramos viajado en el tiempo de regreso a la preparatoria. No podemos entender a esta gente.

Todo vuelve al miedo, creo. Tenemos miedo de abrazar la hombría porque tenemos miedo de lo que conlleva: trabajo, deber, sacrificio. Y yo creo que este miedo y duda es tanto un resultado como una causa por la que posponemos, o descartamos, el matrimonio y la paternidad.

Tenemos miedo de abrazar la hombría porque tenemos miedo de lo que conlleva:trabajo, deber, sacrificio.

Miren, yo me doy cuenta de que hay otros elementos con esto. Si, por supuesto que conozco a algunos hombres no son llamados a esta vocación. Pero hombres quienes han sido destinados a ser solteros o sin hijos por un tiempo, o permanentemente, todavía querían sacrificarse a sí mismos y vivir devotamente hacia los demás. Ser padres, esencialmente, en otro sentido.

Todos los hombres deben vivir para Otro—en muchos casos, ese Otro serán nuestras esposas y nuestros hijos, pero algunos hombres encontrarán a ese Otro en la vida religiosa, el servicio militar, o algo más. Estas son nobles, vocaciones paternales. Los hombres jóvenes lanzándose a estas causas ciertamente son muy maduros, masculinos, y desinteresados. Admiro a esos hombres. Pero estoy seguro que estarás de acuerdo en que son la excepción, no la regla.

Seamos realistas: la mayoría de los tipos de tu edad no están huyéndole al matrimonio porque se han dedicado a vivir vidas  célibes de humilde servicio benévolo a Dios y a la patria.

También sé que los hombres no son los únicos escondiéndose de la adultez y evadiendo el matrimonio y el ser padres. Este es un serio problema entre las mujeres en nuestra generación también.

Nuestras mujeres, envenenadas por el feminismo y el materialismo, frecuentemente eligen ser frívolas, egocentristas, y egoístas al extremo.

Nuestra sociedad celebra las cualidades vulgares, cobardes, de baja moral en las mujeres, y muchas se lo han tomado a pecho. Algunas mujeres hoy no tienen problema en expresar su odio hacia los hombres y a los niños, hasta matar a sus bebés y regordearse de ello en público.

Entre tanto, mientras los hombres reciben calor (rectamente, en mi opinión) por estar obsesionados con juguetes y personajes de comics inventados para apelar a los de 12 años, las mujeres generalmente se dan un pase libre para su propio juvenil y ridículo gusto por la música pop para adolescentes y novelas de romance basura. Ciertamente, hay muchas mujeres inmaduras, egoístas, carentes de modestia, resentidas, y anti-maternales allá afuera, y sé que lo vuelve más difícil para los hombres quienes si desean convertirse en esposos y padres.

Aún así, no voy a colgarles la culpa a las mujeres. Que las feministas se entretengan en ese tipo de cobarde, justificación en el género apuesto para apuntar con sus dedos. Nosotros somos hombres; se supone que seamos líderes. Se supone que tomemos las riendas, no sólo de nuestras familias, sino de la sociedad como un todo. Seguro, el feminismo ha vuelto a muchos en nuestra cultura hostiles a los hombres masculinos, asertivos, pero eso no significa que debemos rendirnos y pasarnos al asiento de atrás.

En verdad, aún muchas de estas feministas engañadas todavía fieramente y quietamente anhelan aquel quien vendrá a sus vidas y será su protector y líder. Estos roles son naturales y programados, fundamentales deseables por casi todos, y nos toca enfatizarlos. Nadie lo hará por nosotros. 

Los hombres tienen razón en odiar al feminismo moderno con una pasión cruda y fiera, pero no tienen derecho a deslizarse silenciosamente a sus sótanos y levantar la bandera blanca. No tienen razón en tener una regresión hacia la adolescencia y culpar el tomar esa decisión a factores del ambiente. A pesar del feminismo o “el sistema” o lo que sea, tenemos que seguir siendo hombres.

Así que estoy aquí para decirte que no debes tenerle miedo al matrimonio y a la paternidad. Sólo hace 50 años, los hombres se casaban y empezaban familias al a edad de 22. Hoy estamos esperando hasta prácticamente la edad media de vida. ¿Y qué gran causa estamos buscando en ese tiempo?  Usualmente, la respuesta es nada. Estamos viendo mucho Netflix y jugando muchos videojuegos, pero eso no es suficiente. Un hombre necesita una causa. Un idea. Una misión que vaya más allá de sí mismo. Una razón para sacrificarse a sí mismo. Creo que es muy duro crecer como hombre, convertirse en un hombre, sin eso.

Tienes razón, esto no es a prueba de error. Muchos hombres y mujeres inmaduros siguen inmaduros, o aún, tienen regresiones, cuando ellos entran al matrimonio a la paternidad. Pero la joya de la inmadurez es el egoísmo, y entre más nos acostumbremos a vivir egoístamente—esto es, a vivir sólo para entretener y saciarnos a nosotros—más egoístas nos volveremos. El matrimonio y la familia deben ser la base, el nacimiento, el fundamento de la adultez, porque nos arrancan del ciclo de involucrarnos sólo con nosotros mismos.

Esto es lo que trato de explicarles a mis amigos solteros quienes están solteros mayormente porque el matrimonio los pone nerviosos. Seguro, puede ser una vocación retadora—la vida es un reto. Pero encontramos verdad y gozo en vencerla, no en evitarla. Y si, la paternidad puede desgastarte y fatigarte, pero también te infunde fuerza y energía que no sabías que tenías.

Además de todo, en la familia hay amor. Para mí, el amor encontrado en la familia ha sido afirmador, satisfactor, y transformador. Es lo que me convirtió de un niño a un hombre. Creo que todos los hombres buscan este tipo de amor.

Pero si tenemos demasiado miedo para darnos a nosotros mismos y a nuestro amor algo más grande, como la familia, empezamos a buscar sustitutos. Invertimos en televisión, o juegos, o pornografía, o cualquier cosa. Buscamos un compañero que podamos poner de vuelta en la repisa al final de día. Mientras permanecemos envueltos en nosotros mismos, enfocados enteramente hacia adentro.

Por supuesto la paradoja es que nos perdemos a nosotros mismos cuando nos enfocamos en nosotros demasiado. Por otro lado, crecemos y florecemos cuando amamos haca afuera, activamente, y plenamente; cuando satisfacemos el ansia de nuestro corazón de vivir para otro, ser el consuelo, la fuerza, la protección de alguien más.

Quizá por eso es que las películas de superhéroes son tan populares en nuestra generación. Son una salida a nuestro deseo por personajes tontos quienes visten espandex y lanzan rayos por sus ojos. En los viejos tiempos, un niño ser convertía en padre y esposo, y no tenía que continuar fantaseando sobre ser Superman. Para su familia, él se convertía en la fuente de seguridad y calma. Él era Superman, al menos a los ojos de sus hijos, e incluso se le llamaría a matar monstruos de nueve en alguna ocasión.

Yo creo que debemos regresar a eso.

Somos hombres. Esto es lo que somos llamados a hacer. Ahora hagámoslo.

Matt Walsh es escritor regular del Blog, TheBlaze. El presente artículo fue traducido directamente de dicho blog y puedes encontrar el artículo original en el siguiente link: http://www.theblaze.com/contributions/dear-millennial-men-dont-be-afraid-of-marriage-and-fatherhood/

[1] Milenial es una adjetivo común en los EUA para referirse al grupo demográfico conocido como la Generación X. No hay fechas exactas para precisar a este grupo humano, pero muchos estudiosos colocan a esta generación naciendo entre los 1980s y el año 2000.

[2] Snowman

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